Cuando las grandes conciencias se acercan

07.08.2020

Es indudable que la vida humana está tocando fondo, un fondo que remueve los cimientos construidos sin ética ni amor. Vivimos tiempos críticos donde ya nada puede mantenerse oculto: la codicia, el odio, la perversión... La malignidad organizada está llegando a su fin y para que esto ocurra tiene que salir a flote toda la podredumbre. Mantenernos lúcidos en estos momentos es fundamental si queremos transitarlos sin vernos contaminados por tantos sucesos adversos. La lucidez es una ganancia, producto del trabajo personal hecho con conciencia y al detalle; mantener este logro es un esfuerzo que merece no la pena, sino la gloria de llevarlo a cabo. No perder la motivación, persistir en la voluntad de mejorar el mundo -nuestro mundo- cada día, es ahora más que nunca necesario. Somos muchos los que no debemos quedarnos inertes y promediados por lo bajo, y aunque el tirón es fuerte y lo será sobre todo en esta década que recién comienza, hay una forma de no sucumbir ante la marea. Básicamente se trata de mantener el trabajo interior como una constante de vida, un trabajo de autoconocimiento y evolución personal que nos permita estar en medio de la turbulencia en paz, equilibrio y alegría interna.

Cuando ante la dormidera y el sometimiento de la masa humana podemos mantenernos con los pies firmes en nuestros principios, la cabeza despejada y el corazón abierto, las grandes conciencias del universo se acercan a ti, a pesar de mantenerse tan lejos de nuestros condominios planetarios. Lo que abunda en el universo es la energía de amar que éstas irradian propagando la belleza de la creación. Nosotros solo estamos cerrando un ciclo de experimentación en la polaridad y es por esto que el mal va a desintegrarse.

Ayer lo sentí, se abrió de repente un cono que traía la resonancia de esto que cuento, gigantes evolutivos que detectan el calado de amor que en la materia, oscura para ellos, reverbera produciendo la conexión. Me gustaría inmensamente que mis palabras generaran en vosotros un campo sentido para que pudierais vivirlo así, tan infinito y tan profundo; tan real, que la realidad con la que convivimos ahora la percibáis tan solo como un instante en el tiempo infinito.