Sobre la muerte

15.04.2019

Dejamos en la Tierra lo que adquirimos en la Tierra: el cuerpo y la materia. Pero la conciencia, con todo su conocimiento, continúa su andadura más allá del tiempo y el espacio finito. Algún día partiremos, y aunque todos lo sabemos, pocos son los que piensan en ello a menudo. La muerte nos pone en el lugar de valorar la vida abriéndonos espacios de eternidad en nuestras memorias. El tiempo que tenemos es una prestación que el Universo nos hace a cada uno, de manera que cuando éste se agota, el mismo Universo nos acoge en su presente continuo. El día de partir es un día decisivo porque ya no cabe marcha atrás, nos vamos con todo el bagaje de experiencias adquiridas, con todo lo que pusimos en el asador del tiempo, con todo lo que amamos y también con toda la cosecha. Es un día de síntesis y sentimientos: la energía de amar envuelve al moribundo que sabe entregarse sin resistencias.

La muerte nos lleva a nuestro lugar de origen, ese inequívoco lugar que nos pertenece y que ahora, después de una vida lúcida, se tizna con otra fuerza y otro brillo. Nos esperan, ¡vaya que si nos esperan! Nos tienen preparadas algunas sorpresas en reconocimiento al valor que tuvimos de ser auténticos y únicos ante los grandes desafíos de la Tierra.

Hagamos la síntesis cada día, hagamos el retorno en vida, vivamos la muerte con esa capacidad de entregarnos a lo nuevo que teníamos cuando niños, y preguntémonos al final de nuestros días ¿con cuánto amor me vine y con cuánto me voy?