The Hum

13.04.2019

Extraños zumbidos en el cielo se vienen oyendo casi hace una década y nadie sabe a ciencia cierta a que son debidos esos sonidos metálicos -como si derramaran chatarra en grandes contenedores- que tanto alertan a las personas despertando su imaginación y sus miedos más profundos.

Hace tiempo que mis oídos descubrieron este zumbido de la noche y, a veces, también de la mañana. Pero nunca sentí miedo por lo desconocido sino asombro ante un fenómeno, que oculto a nuestro conocimiento, me producía cierta inquietud por desvelar su misterio. Así, comencé buscando en internet y hallando un sinnúmero de gente que lo oía como yo, según parece los que tienen un oído más fino para percibir sonidos de baja frecuencia vibratoria (de un 2 a un 10% de la población); no obstante, lo que oímos es solo una ínfima parte de la potencia de estos sonidos ya que la mayoría de sus espectros caen en la zona de los infrasonidos, inaudibles para los humanos. Aunque todas las explicaciones que encontré me parecían poco fundamentadas, lo que más me convenció fue la opinión de un grupo de científicos, geofísicos, que denominan a este zumbido ondas de gravedad acústica cuyo origen -dicen- se encuentra en procesos energéticos a gran escala, como potentes llamaradas solares y enormes flujos de energía que desestabilizan la magnetosfera, la ionosfera y la atmósfera superior. Otra causa posible la encuentran en el núcleo de la Tierra, en una intensificación en los procesos de energía en el núcleo, acontecimientos que me resultan más difíciles de explicar.

Lo que quiero contar acerca de estos sucesos es lo que me ocurrió el pasado sábado 6 de Abril mientras a eso de las 12 de la madrugada, sentada delante de mi ordenador empecé a oír el zumbido con una fuerza virulenta. Sentí que había algo de ese sonido que tenía ya integrado, como si siempre hubiese estado ahí, un sonido que podía confundirse con el ruido de las obras, los aviones en el cielo, las tormentas más extrañas e incluso el sonido del tráfico cuando se inicia en el amanecer. Pero la cadencia e intermitencia con la que sucede lo hace distinto. Al irme a la cama unas dos horas después, el sonido persistía; entonces, sentí la imperiosa necesidad de comunicarme con esos compañeros de evolución que desde dimensiones inmateriales mantienen una amplia perspectiva de lo que nos ocurre en la Tierra. Así, les fui llamando y preguntando qué sabían acerca del extraño zumbido. Aunque no contestaban a ninguna de mis preguntas les sentía muy cerca, en ese bullicio que reconozco cuando quieren establecer el contacto conmigo de tal manera que dos ideas aparecieron con persistencia en mi cabeza: las radiaciones solares y los movimientos de la Tierra. De acuerdo, me dije, pero ¿qué quiere decir esto?. De pronto comprendí que tenía que analizar cómo mi cuerpo se sentía ante este potente sonido; y como el sonido es vibración observé que ésta, lejos de resultar estrepitosa para mi cuerpo, iba calando suavemente mientras anclaba en mi pecho como una ilusión, una esperanza y una alegría que podía sostener serenamente. ¡Qué curioso!, pensé, el zumbido despeja y abre el corazón para que confiemos y permitamos que esta vibración penetre en el interior del cuerpo y genere cambios en él a niveles moleculares. Así comprendí que the hum está sostenido por equipos sanadores que no solo incidirán en la mejoría de enfermedades incipientes ya sean mentales, emocionales o físicas, sino que facilitarán los procesos de transformaciones en el ADN humano.

Sentí que si somos conscientes de ello, el proceso será más rápido. No obstante, antes de dormirme pensé en cómo podía comprobar aquello, al menos alguna señal de que estaba en lo cierto. ¿Quizás mi compañera de piso se sentiría más alegre al día siguiente?

Cuando por la mañana desperté the hum seguía sonando de manera que se lo hice notar a mi compañera de piso y le conté mis investigaciones sobre el asunto. Sin yo indicarle nada, ella me comentó que esa mañana se había sentido con mayor alegría. Luego a mediodía mi hermana me compartió un sueño que había tenido durante toda la noche en el que se veía cómo se le iba a producir un ictus en el hemisferio derecho de su cerebro pero que al final se curaba. Le comenté mi experiencia sobre el zumbido y recordó que ella también lo había estado oyendo durante la noche y parte de la mañana. Y para terminar con las pruebas, mi vecina de 82 años de edad que está en silla de ruedas debido a una rotura de cadera (que le han podido operar) y con principio de alzheimer, ha comenzado a andar justo al día siguiente del hum, comentando su hija que hoy estaba más lúcida que nunca. Tengo que decir que días antes mi vecina querida me preguntaba cual era su misión, qué tenía que hacer ella en la vida, entonces este día posterior al zumbido le pregunté si ya sabía porqué seguía viviendo, a lo que me contestó:

- Me están reteniendo, algo querrán sacar de mí

Bueno, quiero dejar claro que no se trata de milagros, que nuestros ancianos se morirán de sus enfermedades y vejeces, pero que el hum nos acompañará durante el tiempo necesario para que podamos subir nuestra vibración, activando la energía de amar en nuestro cuerpo, energía que nos irá transformando lentamente. Y así, quizás, seamos el eslabón evolutivo de generaciones venideras, en las que hayamos dejado sembrada la semilla de un nuevo ADN, un nuevo cuerpo que liberado al fin de memorias de enfermedad y sufrimiento, refleje una salud inquebrantable.